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  La Leyenda
 
 

LEYENDA

El Universo temblaba como un organismo vivo cuando el blanco dragón Erifarius y el negro dragón Striagorn se enfrentaron por primera vez...

 

 

 

No se sabía que esperar, pues el mundo no había presenciado nunca antes una batalla tan terrible.

Pero eso ocurrió después, antes se produjo la historia…

 

El mundo Faeo fue creado con componentes tanto materiales como inmateriales. Es como si fuerzas superiores, incomprensibles para la razón de los simples mortales, inventaran un nuevo juguete; es como si pequeños organismos de vida barridos por una única ráfaga se unieran para formar seres superiores. A ninguno de los habitantes de aquí abajo se le ha otorgado la posibilidad de descifrar el misterio de la creación del mundo. Pero el enigma del gobierno del mundo no ha perdido su vigencia y sigue preocupando a muchos espíritus. Las guerras a favor de esta o aquella ideología para llevar al mundo Faeo a su perfección sólo han puesto al descubierto el poder destructivo del Caos. Muchas razas nobles de muchas regiones del Universo han declarado su participación en la creación del mundo y se han esforzado en domesticar el Caos. Pero a medida que los representantes de las grandes razas iban desapareciendo sin crear algo de Perfección quedó en evidencia que existía una fuerza todopoderosa y que todos eran impostores que sólo atraían a las fuerzas de la destrucción a este mundo .

 

 En el mundo Faeo las razas que habitan los dos continentes - Ogria y Jair - poseen diferentes creencias y dioses que causan interminables guerras. Antiguamente los orcos realizaban ataques a la Depresión de Elck, habitada principalmente por gnomos y enanos que vivían desde hacía siglos unos juntos otros en paz. Pero a medida que los belicosos orcos les quitaban las tierras creció el odio, que finalmente acabó sembrando la semilla de la enemistad entre los representantes de dichas razas. Los furiosos gnomos dividieron las tierras de la depresión de Elck quedándose con las famosas Fuentes de Elck y su agua curativa, dejando a los enanos sin nada. Entonces los enanos, hasta ese día entusiastas de la paz, atacaron a los gnomos bajo el comando del valiente Faulius. La horrible matanza que tuvo lugar pasó a la historia con el nombre de la Improcedente. Inundadas de sangre, las Fuentes de Elck perdieron sus características milagrosas, la tierra se secó y el aire se colmó de miedo.

Humanos.
 
En el continente Ogria vive la raza de los humanos. Desde el principio de los tiempos se distinguió del resto de habitantes del mundo Faeo por su inteligencia superior. Los humanos luchaban poco y trabajaban mucho. De esta raza surgieron grandes sabios. Aunque no consideraban la lucha entre razas como la manera de resolver conflictos, también tuvieron que pelear y demostrar su superioridad en el combate. La primera vez que tuvieron que batirse en el campo de batalla fue después de que el sabioFionius dirigiera un emotivo discurso a una multitud de armados elfos oscuros que  habían rodeado las murallas de la ciudad humana con intenciones poco pacíficas. Los elfos oscuros no hicieron caso a la voz de la razón y la bondad y alcanzaron al orador con una flecha envenenada. La crueldad de los elfos estremeció a los humanos de tal manera que se hicieron a las armas y comenzaron la batalla. Muchos humanos perecieron a manos de los bárbaros elfos oscuros, pero las tropas élficas fueron diezmadas. Esta primitiva tribu desconocía conceptos como táctica o estrategia, ventaja que inclinó la balanza hacia la raza humana. Aún así, la victoria resultó tener un precio muy alto.
Magmares.
 
 
 
En el continente Jair, a los pies del activo volcán Monstruo Sanguinario, habita la raza magmar. Según la leyenda estos seres salieron del interior del volcán y por sus venas corre ardiente lava. Los magmares también destacan por su inusual fuerza física y espiritual. Uno de sus más importantes caudillos fue el poderosoAndelván, quien a diferencia de las demás razas dominaba los poderes mágicos del fuego gracias a los conocimientos heredados de sus antepasados. El poder mágico de Andelván estaba encerrado en el Bastón de Fuego del que no se separaba ni por un instante. A la hora de morir, su abuela Egiam le entregó el bastón mágico, pero no le dio tiempo de enseñarle cómo dominarlo. Egiam se fue al otro mundo, y Andelván, siendo un joven lleno de curiosidad, comenzó a desarrollar sus habilidades mágicas por sí mismo tomando la energía del Bastón de Fuego. Junto con sus habilidades aumentaban también su arrogancia, feroz egoísmo y codicia de poder. Cuando alcanzó la mayoría de edad, Andelván reunió a los magmares más fuertes y usando el poder de la palabra les convenció de que era invencible y  sometió sus mentes casi por completo.
 
Pero su magia era demasiado débil y no podía transformarse en una fuerza destructora que absorviera a las razas más débiles. Por estar razón, Andelván resolvió trasmitir sus conocimientos de magia a sus camaradas, para que luego la gran raza de los magmares pudiese apoderarse del mundo con la ayuda de la magia del fuego. Sin embargo, el destino no quiso que su sueño se cumpliera.

Los sabios de la raza humana pronosticaron la destrucción del mundo Faeo a «manos de un ardiente ser que portaba un bastón de fuego». Los humanos, atormentados por la predicción, decidieron evitar el fin del mundo. Para ello contrataron a un asesino conocido por su crueldad, Go'Zanar. Una noche de luna, el despiadado asesino entró en la casa de Andelván y levantó su espada contra el magmar dormido. Andelván se despertó y vio los ojos inyectados en sangre del asesino. Llegó a coger el Bastón de Fuego, pero su último acto de valentía no le salvó la vida. La espada del asesino rompió el bastón en pedazos y luego atravesó el corazón de Andelván. El Bastón de Fuego perdió sus poderes mágicos y desapareció en el olvido.

Cuando los magmares se enteraron de la muerte de su caudillo, el deseo de venganza nubló sus mentes. Cegados por el odio destruyeron todo lo que encontraban en su camino sin piedad ni tan siquiera para niños y ancianos. La sangrienta guerra llegó a todos los rincones del mundo Faeo. Los orcos, gnomos, enanos, hobbits y elfos fueron exterminados, víctimas de la violencia de los magmares. Como resultado, en el mundo sólo quedaron dos razas – la raza humana y la raza magmar. Éstas habitan dos continentes diferentes y se enzarzan en interminables guerras a pesar de que desde hace mucho tiempo ambas razas olvidaron cómo comenzó su enemistad.
 
Después de tantas cruentas guerras,en la tierra no quedó más que furia y odio, que se transformó en la fuerza de la muerte, creando nuevos seres: zombis, vampiros, esqueletos... Éstos sembraban por el mundo energía negativa, llenando a los seres vivos con el espíritu de la muerte. La mágia concentrada en el espacio de Faeointentó romper las barreras del mundo para dejarlo a merced del Caos. Un sinfín de continuadas calamidades de la naturaleza –tornados, huracanes, inundaciones, erupciones de volcanes– cayeron sobre el mundo y destruyeron su medio ambiente.

Parecía que ya no había salvación y que en breve el Caos sería el único señor de todos los seres vivos. Pero de repente los cielos se abrieron y, transportada por el viento, apareció en el mundo Sheara, la Señora de los Dragones. Su luminosa faz resplandecía en el cielo, un aura de bondad envolvía su figura. Sheara decía ser la heredera del dios A'aron el Justo, que se había ganado el amor y respeto de muchas razas nobles gracias a su infinita sabiduría y juicios imparciales.

Sheara observó con tristeza las ruinas del mundo Faeo y dirigió a sus habitantes un discurso. Sus palabras eran proféticas: «Sobre vuestro cielo brillaban estrellas, de vuestros árboles brotaban nuevas ramas, junto a vuestras ventanas cantaban los pájaros. Lo habéis destruido todo, habéis regado la tierra con sangre, habéis abrasado el cielo con el fuego de la muerte, habéis aniquilado el Pilar y ayudado al Caos a penetrar y a meter sus tentáculos en el mundo Faeo. Ahora, con cada luna nueva, vuestro mundo estará en peligro de destrucción y aniquilación, porque justamente en ese periodo los siervos del Caos se unen para lograr una terrible fuerza. He llegado para ayudaros. Utilizando la energía de vuestras razas voy a crear dos dragones: el dragón blanco Erifarius será la encarnación de los humanos, mientras que el dragón negro Striagorn la de los magmares. Estos dragones –mis fieles siervos– serán la fuerza que os ayudará a hacer frente a los siervos del Caos. Cuando llegue la luna nueva,Erifarius Striagorn lucharán en un duelo del que sólo uno saldrá vencedor. El dragón más fuerte se hará con la energía del más débil, y cuando sus fuerzas se hayan unido, conseguirán enfrentarse a los oscuros espíritus del Caos. Los dragones volverán a luchar en cada luna nueva  hasta agotarse vuestra energía, pero sabed que esto no va a durar eternamente. El futuro sólo dependerá de vosotros…»

 

 

 



 
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